Las parejas actuales viven más tranquilas, disfrutan libremente su sexualidad y buscan llenar muchas de sus expectativas de vida antes de consolidar una unión estable. Cuando conviven, aplazan el tiempo de llegada de sus bebés, favoreciendo la estabilidad económica, proyección profesional, mayor conocimiento mutuo y la buena comunicación.

 

Cuando hablamos de sexualidad nos referimos al disfrute y goce sexual originados por el intercambio erótico-genital de las parejas, resultado también de una cercanía emocional, afectiva y de la expresión física de cariño y trato amoroso.

La expresión erótica tiene diferentes momentos o fases de respuesta:

El deseo

El orgasmo

La excitación

Resolución

"El deseo es la disposición mental que favorece o no las conductas, acercamientos
sexuales y fantasías eróticas que producen disfrute, goce y placer": Helen Kaplan.

La excitación también favorece el acercamiento sexual como resultado de la expresión física, tanto en la mujer (lubricación y distensión vaginal) como en el hombre (erección). El orgasmo, según Masters y Johnson, es descrito como la expresión de máximo placer sexual. En el hombre casi siempre coincide con el momento de la eyaculación o salida del semen, mientras que en la mujer está acompañado de contracciones involuntarias de los músculos pélvicos.

 

Cuando la pareja da el paso de convertirse en padre y madre buscando la fertilidad (o en términos más cotidianos “empieza a buscar bebé”), la sexualidad se puede ver y sentir en algunos momentos trastocada y movilizada. La prioridad del disfrute y del goce pasa a un “segundo plano”, ya que lo que se busca en estos coitos es dicha fertilidad para que se dé la reproducción.

 

Luego de un año o más de búsqueda infructuosa del bebé, la pareja va a transitar por estados emocionales que pueden empezar a afectar la vida sexual y afectiva, por eso la dificultad para concebir es sorpresiva para ambos, pues no esperan que haya dificultades; es decir, se da por sentado que todos pueden ser padres en el momento que lo deseen. Esto genera dificultades para aceptar que no llega el bebé, entrando en un proceso de negación que hace más complejo reconocer ante familiares y amigos tal realidad.

Cuando una pareja ingresa a un tratamiento, le informamos sobre estas situaciones para que entiendan que son normales y que ocasionalmente pueden presentarse por la presión a la que han estado sometidos. También lo hacemos, fundamentalmente, para prevenir disfunciones sexuales o conflictos mayores que amenacen el bienestar y continuidad de la relación.

En algunas técnicas de reproducción asistida es frecuente que se recomiende el coito programado como resultado del seguimiento ecográfico de la ovulación, buscando con esto el día de mayor probabilidad de fecundidad. Sin embargo, es importante comprender que trabajamos con personas, con seres que tienen una vida, proyectos y circunstancias diversas, por lo que no siempre están en la mejor predisposición para llevar a cabo dicho momento. Las razones pueden ser varias, dado que la pareja pudo tener una discusión, alguno de los dos pudo enfermarse, tener un compromiso laboral u otros eventos adversos que evitan el encuentro sexual y que por ende el coito se dé. Entender todas estas circunstancias de la vida hace que el tratamiento y la sexualidad se integren y fluyan para el logro de nuestro objetivo: la tan anhelada gestación.

Es importante entender que el deseo no siempre va a fluir de la mejor manera y que la excitación o el orgasmo pueden bloquearse en algunas ocasiones, pero con la información oportuna y la actitud adecuada se pueden sobrepasar dichas circunstancias; esas que por cierto son pasajeras y transitorias,

 

Así mismo, es importante enfatizar que el disfrute y goce sexual no solo es genital, que la cercanía emocional y afectiva nutre y favorece la dinámica de la relación y que el contacto amoroso, la comunicación sincera, el mirarse a los ojos, el contactarse a través de todos los sentidos hace que la pareja confabule para su alegría de estar juntos, construyendo así un verdadero sentido de compartir la vida.

 

Cada vez son menos, pero todavía ocurre que las personas miden su feminidad y masculinidad con la capacidad reproductiva y desempeño sexual. No lograr tener un hijo puede desencadenar un estado de tristeza y aflicción profunda, llegando incluso a la depresión. También la pérdida de gestaciones en estadío temprano son duelos muy complejos y profundos que requieren acompañamiento psicológico para evitar estados de depresión y afectaciones en el deseo y la frecuencia sexual. 

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